Por alguna extraña razon que debe tener que ver con algunos rasgos masoquistas de la personalidad, la mayoria de nosotros, hombres y mujeres, tendemos a sentirnos atraidos por quienes más mal nos tratan. Esto resulta muy claro en el plano amoroso, en el cual solemos engancharnos sentimentalmente con las personas que mayor desdén nos muestran. Es común que un hombre se vuelva loco por una mujer que lo desprecia, le hace desplantes, lo trata con groserias, lo minimiza; sin embargo, en cuanto ese hombre logra liberarse de su locura enamorada y deja de seguir a esa mujer, es ella entonces quien comienza a buscarlo para iniciar un ciclo inversamente proporcional. Asimismo, es habitual que veamos a la persona amada enamorarse de los galancetes más grotescos, más insulsos, más patanes. Misterios de la vida.
Algo parecido acontece a nivel politico. Con demasiada y lamentable frecuencia, los pueblos juegan el papel de la enamorada incondicional que se fija en el tipejo menos adecuado, en el mas siniestro, en el mas patan. Los ejemplos sobran a lo largo de la historia del mundo. Para no ir tan lejos esta el caso de Adolfo Hitler, elegido por la inmensa mayoria del pueblo alemàn en los años treinta, y mucho mas cerca tenemos a los Estados Unidos, donde George W. Bush recibio un espaldarazo escalofriante de los votantes norteamericanos, quienes demuestran asi su vocación masoquista y su gusto por la pataneria. Uno se pregunta còmo es que un pueblo supuestamente primermundista - aunque sabemos que el gringo común y corriente suele ser la mar de ignorante y obtuso- decide otorgar un mayor poder a quien està provocando la recesión económica y amenaza con sumir a su pais y al mundo entero en una guerra enloquecida (Irán). Bush es como un tipico patán machista y bravucón, cerrado y burdo, quien de pronto enloquece a mujeres a quienes suponíamos refinadas e inteligentes.
¿Y México? ¿Somos un pueblo masoquista al cual le gusta ser maltratado y sometido con látigo y malas maneras? El imperio azteca, tres siglos de virreinato -Santa Inquisicion incluida-, nuestro peculiar siglo XlX, el porfiriato, setenta y tantos años de gobiernos postrevolucionarios y seis del gobierno "del cambio" resultan más que elocuentes. Nos encanta la mala vida. Nos place sufrir. Por eso nos enamoramos de los galancetes más grotescos, más insulsos, más patanes... y los llevamos al poder. Misterios de la vida.
Algo parecido acontece a nivel politico. Con demasiada y lamentable frecuencia, los pueblos juegan el papel de la enamorada incondicional que se fija en el tipejo menos adecuado, en el mas siniestro, en el mas patan. Los ejemplos sobran a lo largo de la historia del mundo. Para no ir tan lejos esta el caso de Adolfo Hitler, elegido por la inmensa mayoria del pueblo alemàn en los años treinta, y mucho mas cerca tenemos a los Estados Unidos, donde George W. Bush recibio un espaldarazo escalofriante de los votantes norteamericanos, quienes demuestran asi su vocación masoquista y su gusto por la pataneria. Uno se pregunta còmo es que un pueblo supuestamente primermundista - aunque sabemos que el gringo común y corriente suele ser la mar de ignorante y obtuso- decide otorgar un mayor poder a quien està provocando la recesión económica y amenaza con sumir a su pais y al mundo entero en una guerra enloquecida (Irán). Bush es como un tipico patán machista y bravucón, cerrado y burdo, quien de pronto enloquece a mujeres a quienes suponíamos refinadas e inteligentes.
¿Y México? ¿Somos un pueblo masoquista al cual le gusta ser maltratado y sometido con látigo y malas maneras? El imperio azteca, tres siglos de virreinato -Santa Inquisicion incluida-, nuestro peculiar siglo XlX, el porfiriato, setenta y tantos años de gobiernos postrevolucionarios y seis del gobierno "del cambio" resultan más que elocuentes. Nos encanta la mala vida. Nos place sufrir. Por eso nos enamoramos de los galancetes más grotescos, más insulsos, más patanes... y los llevamos al poder. Misterios de la vida.
Patanes. La Mosca en la Pared.
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